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May 11

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VISITANDO CANADÁ

Canadá ha sido elegido por Lonely Planet como el mejor destino para viajar en 2017. Hay muchas razones obvias –parques nacionales alucinantes, paisajes casi vírgenes, las interesantes ciudades de su costa Este– pero, sobre todo, es el gran año de Canadá porque celebra su 150 aniversario como confederación. Ante estos datos no nos quedó más remedio que organizar una visita cultural con los alumnos de nuestro centro.

Nuestra primera parada fue Montreal. Es la segunda ciudad más grande de Canadá y su capital cultural. Cuenta con una interesante escena artística, restaurantes elegantes y ambiente en las terrazas de su Quartier Latin. El Viejo Montreal, la parte más antigua de la ciudad, es un laberinto de callejuelas adoquinadas que nos hacen pensar que estamos en Europa: hay una basílica, la de Notre Dame, una plaza repleta de cafés y restaurantes, la de Jacques Cartier, y un viejo puerto que se ha convertido en zona recreativa. Muy reconocido es el Festival de Jazz de Montreal, que se celebra durante 11 días a finales de junio.

En segundo lugar visitamos Quebec, la única ciudad amurallada de América al norte de México. Tiene más de cuatrocientos años de antigüedad y sus muros de piedra, sus catedrales y sus cafés con jazz en directo le dan un ambiente romántico y sugerente, comparable a cualquier ciudad europea. En Quebec está el Château Frontenac, el hotel más fotografiado del mundo, construido en 1893 por la Canadian Pacific Railway como parte de su cadena de lujo. Fue aquí donde Mackenzie, Winston y Roosevelt comenzaron a planear el día clave de la Segunda Guerra Mundial, el desembarco de Normandía.

En ruta hacia Ottawa nos detuvimos en la Reserva Hurón-Wendat. Una oportunidad única para descubrir el estilo de vida de de los indígenas norteamericanos. El olor a madera te impregna según accedes a la tribu de los indígenas hurones. El guía (7ª generación) nos contó la historia, cultura, gastronomía y el estilo de vida de los hurones durante todo el recorrido. Ese mismo día paramos a comer en la  Cabane à Sucre Chez Dany y en un ambiente festivo y acompañados de música tradicional degustamos productos locales, nos explicaron el proceso de obtención del jarabe de arce y probamos el delicioso caramelo de arce sobre nieve.

Nuestra tercera parada fue Ottawa. Ottawa es un centro cultural y político compacto, limpio y planificado. El canal Rideau permite navegar en verano y patinar sobre hielo en invierno. La ciudad fue escogida por la Reina Victoria del Reino Unido para ser la capital de Canadá, por ser un territorio neutral a la vista de las comunidades de habla inglesa y francesa. Asimismo, tiene una distancia importante con la frontera de los Estados Unidos de América, que en ese entonces pensaba en invadir las colonias británicas al norte. En la Colina del parlamento nos encontramos con la interesante estatua dedicada a «Las cinco famosas», célebres por haber luchado para que las mujeres fueran reconocidas como “personas” ante la ley, con derecho a poder votar y presentarse a las elecciones generales y municipales.

En ruta paramos a realizar un Crucero por las 1000 Islas, que es un archipiélago de 1.864 islas en la desembocadura del río San Lorenzo, en un extremo del lago Ontario. Las hay de muchos tipos, algunas son tan pequeñas que casi no tienen jardín, y otras poseen un auténtico bosque y hasta un castillo. Ante tanta variedad se estableció una serie de normas que hay cumplir para formar parte de las Mil Islas. Éstas son: Estar por encima del nivel del agua todo el año, tener una superficie de al menos 930 cm cuadrados y tener al menos dos árboles vivos. 

La legenda cuenta que en un pasado lejano, Manitú creó un hermoso jardín como hogar de los indios algonquines. A cambio, les pidió poner fin a las guerras entre tribus. El acuerdo funcionó poco tiempo y pronto empezaron a sonar tambores de guerra en el jardín. Según la leyenda indígena, el Gran Espíritu, el Creador de todas las cosas, se enfadó ante la actitud de sus súbditos y decidió castigarlos arrebatándoles el preciado regalo. Embaló el jardín en una manta e intentó llevarlo hasta los cielos. Pero el jardín pesaba tanto que la manta se rompió antes de alcanzar su objetivo. El jardín se quebró en cientos, miles, de pequeños fragmentos que quedaron esparcidos en el río San Lorenzo. Pedazos que se convirtieron en lo que hoy se conoce como Thousand Islands o las Mil islas, una región hermosa y fascinante.

La cuarta parada fue en Niagara Falls, donde admiramos el bello estruendo del Niágara. Estos potentes saltos de agua son uno de los espectáculos naturales más visitados del mundo. Abarrotadas de turistas y comercializadas en exceso, las del Niágara son, sin embargo, cataratas de escasa altura: 55 metros. Pero cuando se ven esas enormes y poderosas cortinas de agua curvarse sobre el precipicio y caer con un ensordecedor rugido al vacío, impresionan. En el lado canadiense, las cascadas más espectaculares son las poderosas Horseshoe Fall, que se precipitan en el estanque Maid of the Mist Pool.

Por último llegamos a Toronto. La intensa lluvia nos privó de callejear por la ciudad más grande de Canadá con 2.6 millones de habitantes, es conocida como la ciudad más segura de América del Norte. Toronto es cosmopolita e internacional y es el destino migratorio principal de Canadá, que hace de ella una de las ciudades más diversas por porcentaje de residentes no nacidos en el país, casi un 49%. Es también la capital comercial canadiense y uno de los centros financieros mundiales.

Hasta aquí llegó nuestra aventura canadiense. Somos conscientes que solo hemos dado pequeñas pinceladas a este enorme país y que nos queda muchísimo por ver.

Así que, parafraseando a nuestro guía Rubén, decimos de momento:

ADIÓS CANADÁ. VOLVERÉ, VOLVERÉ, VOLVERÉ.

 

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