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Mar 17

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LAS ENTREVISTAS DE NUESTROS ALUMNOS

ENTREVISTA  AL NIÑO ALADO

 

Aquí me encuentro, sentada frente a él, abstraída, contemplando cada uno de sus angelicales rasgos: grandes ojos rasgados, pequeña nariz coqueta, simétrica sonrisa dibujada en su rosada tez, cascadas de dorados rizos dan forma a sus cabellos y tras su pequeños cuerpecillo se exhiben, caprichosas un par de alas blancas que se abren y se cierran como si su propia vida tuviesen.

 

“Cuando usted desee, comenzamos.”Asentí con una tímida sonrisa, acomodándome en mi asiento, aclaro mi voz con un ligero carraspeo. Cuando hago ademán de comenzar, súbitamente él se pone en pie, coloca su brazo en jarra, eleva la barbilla mientras gira su cabeza, quedando ante mí solo uno de los perfiles de si cara: “ Me presentaré, Cupido, dios del deseo amoroso, hijo de Venus, diosa del amor, la belleza y la fertilidad, hijo de Marte dios de la guerra”. Toma asiento de nuevo, e intento asimilar lo que me causó gran impresión al no alcanzar a entender cómo en un cuerpo tan gracioso y diminuto, podía haber salido  lo que parecía un fragmento sacado de una película de terror. Acto seguido, soltó una desmesurada carcajada y añadió: “¡Deberías haberte visto la cara! ¡Tranquila! Solo estoy bromeando”. Noto cómo mi cuerpo se destensa y me uno a sus risas, entonces me di cuenta de que iba a ser una entrevista amena y distendida.

Fue relatándome su vida desde su nacimiento en Chipre, cómo su padre se vio obligado a abandonarlo en un bosque siendo amamantado por las fieras, pasando por los desencuentros con su hermano Anteros, hasta llegar a contarme su propia historia amorosa con su querida Psique. Conversamos largo y tendido, tomando un café que me había ofrecido. Mientras, me mostraba el arco y las flechas de oro que su madre le regaló en su día explicándome que existen dos tipos de flechas: “unas tienen puntas de oro, para conceder el amor, mientras que otras las tienen de plomo para sembrar el olvido e ingratitud en los corazones. Aprovechando su cercanía y sencillez me atreví a preguntarle la razón por la que cada vez se fracasa más en el amor y las parejas se separaban con más asiduidad.

Antes de que pudiese contestar, recibió una llamada y disculpándose abandonó la sal. Aproveché el momento para ojear la estancia con mayor detenimiento. A mi espalda una majestuosa puerta de madera tallada con corazones atravesados por flechas, ángeles y arcos. El resto de la sala estaba dispuesta con enormes ventanales por los que lo único que alcanzaba a ver era un mar de nubes, que más que nubes parecían algodón de azúcar.

Frente a mí, una elgenate mesa de cristal que formaba media luna sostenida por columnas de mármol, techos altos y un suelo meticulosamente pulido en el que podía ver reflejadas nubes sin tener que mirara por la ventana. Su asiento parecía un trono de dioses. Mi curioso vistazo quedó interrumpido con el abrir de la puerta cuando Cupido entró de nuevo diciendo. “¿Así que fracaso en el amor, eh? (sonreía a carcajadas)” No puedo darte una respuestas concreta”. Se acomodó en su sillón y continuó diciendo: “quizás sea el cambio climático, un anticupido, inmunidad de la sociedad a mis flechas provocando solo un efecto temporal o tal vez con la edad estoy perdiendo reflejos.”Ambos reímos con su último comentario…

 

Tras una nueva disculpa, me hizo saber que la entrevista había concluido. Me acompañó hasta la puerta y al estrechar mi mano  a modo de despedida, mirándome fijamente a los ojos me dijo: “Siento haber errado con tus dos primeros disparos, pero creo que con el tercero, he acertado.

 

 

 

Vanesa Lacasta 3ºB

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